La luna. Pexels

Las imágenes que nos han llegado desde el espacio estos días, en los que se aprecia cada detalle de la luna y a lo lejos nuestro planeta, nos recuerdan que el ser humano ha podido romper hasta los límites de la gravedad misma. Pero a la vez nos muestra una vez más lo frágil de nuestra casa: ese pequeñito planeta en el que vivimos todos y todas.

El día de la Madre Tierra se celebra en abril para recordarnos la importancia de preservar los ecosistemas. De acuerdo con la ONU cada año se pierden 10 millones de hectáreas de bosque. Para darnos una idea, sería casi el tamaño de Islandia[1]. Otra de las consecuencias de las decisiones que hemos tomado como sociedad es la pérdida de semillas y productos vegetales originarios de cada lugar. Los intereses del mercado han sustituido cultivos originarios por productos más rentables, eso ha causado que se pierdan plantas que crecían en los lugares desde hace miles de años.

Las mujeres han tenido un papel muy activo en la defensa de la tierra y el ecosistema. Un caso ejemplar es el que protagonizaron las mujeres en la India que se dieron cuenta de que, al perderse las semillas autóctonas, se perdían también los conocimientos tradicionales, la cultura alimentaria y se ponía en riesgo la supervivencia de las poblaciones. Ellas, las mujeres de las áreas rurales, formaron el movimiento Chipko y abrazadas a los árboles evitaron la tala indiscriminada con fines comerciales. Vandana Shiva, filósofa y física india se convirtió en un referente del ecofeminismo: siguió defendiendo las semillas porque para ella hoy en día “guardar la semilla es un acto político”[2].

Maristella Svampa. Nueva Sociedad

Mujeres latinoamericanas contra la depredación ambiental

Maristella Svampa llama “feminismos ecoterritoriales”[3] a la suma de posturas desde las que las mujeres del Sur Global, y especialmente Latinoamérica, se han organizado para defender territorios, agua, y otros recursos naturales, que se ven amenazados por los intereses económicos de los grandes capitales: minas, monoproducción agrícola y grandes infraestructuras que han tenido como consecuencia la depredación ambiental. Las acciones de las mujeres no han sido fáciles, incluso han perdido la vida en ello. Ellas han apostado todo, desde México hasta Argentina para que las industrias no se lleven o contaminen su agua, para que no les quiten las tierras a sus comunidades, para que sus bosques no desaparezcan, para que su alimento no sea contaminado con agrotóxicos.

El planeta que habitamos nos necesita

El esfuerzo de todas ellas, así como el de las organizaciones de la sociedad civil y la iniciativa privada verdaderamente comprometida con el medio ambiente, ha logrado crear conciencia entre la población. Aunque aún falta mucho por hacer: pensemos el daño que se hace al planeta al cambiar de teléfono móvil cada año, o con la facilidad de comprar y desechar ropa proveniente del fast fashion.

Si bien el esfuerzo individual como motor de cambio global es una idea debatida, lo cierto es que sí hay acciones que pueden tener un impacto real a corto plazo en favor de causas ambientales. Por ejemplo, existen comunidades en México que están impulsando el cultivo y comercialización de maíz autóctono, ¿qué tal si les compramos a ellos una bolsa de harina? Hay personas en nuestras ciudades que se movilizan para defender el cultivo de plantas nativas ¿y si las plantamos en nuestro jardín y contribuimos así con su lucha? Claro que no será suficiente y que necesitaremos como sociedad hacer mucho más que eso ¿estamos dispuestos?

[1] https://www.un.org/es/observances/earth-day

[2] https://www.nationalgeographic.com.es/medio-ambiente/vandana-shiva-acto-politico-guardar-semillas_22875

[3] Svampa, M. (2021) Feminismos ecoterritoriales en América Latina. Entre la violencia patriarcal y extractivista y la interconexión con la naturaleza. Documentos de trabajo (Fundación Carolina). Segunda época. No. 59.

 

por Ana María Navarro Casillas

Ana María Navarro Casillas es Licenciada en Medios Masivos de Comunicación, Maestra en Sociología de la Cultura, y Doctora en Estudios Socioculturales por parte de la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Ha sido consultora líder de proyecto para UNESCO México (2020) para la Evaluación de los Indicadores del Desarrollo Mediático. Fue jefa del Departamento de Comunicación en la Universidad Autónoma de Aguascalientes (2023-2025). Es catedrática e investigadora con casi tres décadas de experiencia.

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