Después de ver la hazaña realizada por los astronautas de Artemis II, me surgieron dudas de lo que implicaba ir al espacio, ¿Qué rutinas hay desde la parte médica, psicológica, física que se requieren para hacer un viaje de esa naturaleza? Recuerdo una ocasión que iba a viajar a Nuevo Laredo con una superior, ella estaba muy preocupada por qué comer, qué llevar, que si se enfermaba de tal o cual cosa, que si le daba un dolor de estomago en el camión cómo lo iba a solucionar, podríamos decir que Tamaulipas es un lugar relativamente cerca hablando de 700 kilómetros en relación al espacio pero, puede ser mucho si tu no has salido de viaje o no haces de manera frecuente, además no es que cada fin de semana podamos ir a un viaje a la luna, son experiencias de una en un millón, por expresarlo de alguna manera.
¿Qué come un astronauta en el espacio?
La dieta de los astronautas ha ido evolucionado al igual que lo ha hecho nuestros patrones de comportamiento, el cambio sociocultural que han tenido nuestra sociedad con el uso de la tecnología ha modificado la forma en que nos relacionamos, y en lo que refiere a este cambio de la alimentación en el espacio Nacional Geographic menciona lo siguiente:
Ir al espacio no solo representa un reto tecnológico, sino también un desafío profundo para el cuerpo humano. La densidad ósea y la masa muscular suelen verse afectadas cuando un individuo pasa largos periodos en microgravedad, disminuyendo considerablemente, por lo que mantener una buena alimentación y realizar ejercicio físico son elementos esenciales en la rutina diaria de un astronauta. En cuanto a la alimentación, durante los primeros días de misión es posible consumir alimentos frescos como frutas y verduras; sin embargo, la mayor parte de la dieta se compone de productos especialmente procesados, como carne y lácteos irradiados, alimentos termoestabilizados o deshidratados, además de opciones como frutos secos y galletas en su forma natural. Asimismo, los sabores no se perciben igual en el espacio que en la Tierra, ya que tienden a sentirse más suaves o insípidos, lo que ha llevado a adaptar la preparación de los alimentos. En sus inicios, durante la década de 1960, la comida espacial consistía principalmente en pastas contenidas en tubos de aluminio o en alimentos deshidratados que se mezclaban con agua, inspirados en las raciones de supervivencia utilizadas por el ejército (National Geographic, s.f.). Si las sopas instantáneas son un alimento que no se me antoja de manera cotidiana, veo estas opciones de forma similar sabiendo que por el lugar no pueden haber residuos flotando y, además la parte energética limitan las opciones.
¿Cuáles son las implicaciones en la mente?
Para esta parte, conté con el apoyo profesional de Liliana Loza, psicóloga clínica de Armaly Psicología, quien nos compartió las cuestiones que se viven en dicha experiencia desde el ámbito psicológico, viajar al espacio representa una exigencia que trasciende lo técnico y se instala profundamente en lo humano. La preparación no solo implica conocimiento, sino una disposición constante a enfrentar la incertidumbre y la toma de decisiones en condiciones límite. En este sentido, la especialista señala:
“La exigencia es de perfección, pero también de tolerancia a la incertidumbre; todo puede pasar, todo es incierto y a veces nada sale como lo creemos. Hay que tomar decisiones bajo presión y con un alto sentido de responsabilidad colectiva, porque un astronauta no depende de él solo, depende de una tripulación y de quienes se quedan en tierra.”
Esta perspectiva permite entender que el rol del astronauta no es individual, sino profundamente interdependiente, donde la precisión técnica se entrelaza con la gestión emocional y la conciencia del impacto colectivo.
En el plano emocional, la experiencia espacial se configura como un escenario de contrastes. Por un lado, aparece el asombro ante lo desconocido; por otro, la exigencia de adaptación a condiciones extremas. Como menciona:
“Pueden sentirse asombrados de estar en un lugar desconocido que emociona, pero también se requiere mucha tolerancia a la frustración, regulación emocional y fortaleza cognitiva para adaptarse a entornos extremos como el confinamiento. No puedes tener claustrofobia.”
Aquí, la vivencia no solo desafía las capacidades individuales, sino que pone a prueba la estabilidad emocional en contextos donde el aislamiento y la convivencia limitada pueden intensificar las tensiones internas.
Desde esta mirada, la preparación mental adquiere un peso determinante. No basta con la capacidad intelectual o el dominio técnico; es indispensable una inteligencia emocional que permita sostener la experiencia. En palabras de la especialista:
“Puedes saber mucho intelectualmente, puedes ser muy inteligente, pero emocionalmente tienes que regularte. Desde mi perspectiva, necesitas más preparación mental que profesional.”
Este planteamiento abre una reflexión relevante: en contextos extremos, el conocimiento sin gestión emocional puede resultar insuficiente.
Más allá de lo operativo, viajar al espacio también implica una confrontación existencial. Se trata de una experiencia que puede transformar la percepción del propósito y del lugar que se ocupa en el mundo. Como se describe:
“Son hazañas científicas y humanas, pero confrontan a la persona con sus propios límites, con su sentido de propósito y con su lugar en el universo.”
Este tipo de vivencias, al igual que otros eventos significativos en la vida, puede detonar cambios en las metas, valores y prioridades personales, generando una reconfiguración interna.
A ello se suma el impacto del aislamiento, el riesgo constante y la distancia con la vida cotidiana:
“Puede que sobrevivas, puede que no… todo tiene un riesgo. También tienes que soportar la soledad, estar contigo y con pocas personas, sin poder comunicarte como estás acostumbrado.”
Finalmente, el regreso a la Tierra no representa un cierre, sino una nueva etapa de adaptación. Las alteraciones en el sueño, la fatiga cognitiva y los cambios emocionales forman parte de este proceso:
“Cuando regresas, no te acostumbras de inmediato. Puede haber alteraciones del sueño por la falta de ciclos naturales, y con eso viene la fatiga cognitiva, irritabilidad, y puede presentarse ansiedad e incluso depresión. Hay falta de concentración y no vas a tomar decisiones con claridad si hay una alteración del sueño.”
Sin embargo, junto con estos desafíos también puede emerger una transformación profunda. La experiencia vivida puede redefinir el sentido de vida y la manera en que la persona se relaciona consigo misma y con su entorno, confirmando que, en última instancia, el viaje al espacio no solo ocurre fuera de la Tierra, sino también al interior de quien lo experimenta.
Las experiencias que vivimos nos hacen una invitación a viajar en algunos momentos a lugares físicos pero principalmente hay una invitación latente que es le hecho de que cada experiencia es un viaje de autodescubrimiento, cuando en lo profesional te encuentras en espacios de liderazgo autoritario de invita a poner límites hasta dejar espacios poco saludables pero, también te puede enseñar a nadar entre tiburones, no hay una receta única de cómo afrontar una situación, cada viaje es un mundo de posibilidades y depende del estilo de cada piloto, lo importante es saber reconocerlo.
Bibliografía
National Geographic. (s.f.). ¿Qué comen los astronautas en el espacio?
https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/que-comen-astronautas-espacio_22647


