Capitalizar la comunicación

En entradas anteriores se han abordado algunos aspectos para entender mejor la comunicación desde la misma disciplina que la teoriza y estudia, sin embargo, somos los seres humanos quienes la ponemos en práctica y este punto es importante tenerlo siempre en cuenta, pues es a humanos a quienes nos dirigimos, no a máquinas.

La(s) diferencia(s) puede(n) ser evidente(s), pero para no dejar lugar a dudas y encaminar una reflexión común nos basaremos en una simplicidad: la capacidad (o decisión) de sentir y proyectar ese sentir, refiriéndonos específicamente a las emociones, motivaciones y actitudes, lo cual como lo hemos dicho influye directamente en nuestra personalidad y desenvolvimiento social, es decir en nuestras comunicaciones. Sí, en plural y eso también es importante tenerlo en cuenta para entender la premisa fundamental para capitalizarlas o, en otras palabras, que sean efectivas.

En una construcción, por ejemplo, el diseño es lo que salta a la vista en primer lugar, lo que la puede hacer diferente y a lo que de forma usual se le toma mayor peso, pero los conocedores saben que lo esencial no se ve de primer momento. Hablamos de los cimientos, la base sobre la cual se construyó y se debió hacer de acuerdo con el terreno y los planes de construcción que deben adaptarse a las necesidades y exigencias del cliente.  Tanto en la construcción, como en la vida misma, siempre será conveniente pensar a futuro. Lo único constante es el cambio.

Si no se hace un debido proceso de evaluación del terreno, si no se plantean objetivos a corto y largo plazo, si no se analizan, prevén e incluso solucionan las contingencias (situaciones que pueden o no suceder), si no se construyen cimientos fuertes que atiendan al diseño y que éste responda a las necesidades presentes y futuras, si no se entiende y se acepta que los procesos, para que sean efectivos, requieren de tiempo, esfuerzo, capital, pero sobre todo de voluntad… Si se construye “por construir”, muy probablemente los resultados no serán los esperados. Obviamente esto último puede o no ser subjetivo, entendiendo que “hacer las cosas bien” implica no tener que hacerlas de nuevo.

Bajo esa lógica, sucede exactamente lo mismo en la comunicación: podríamos hablar incluso de una arquitectura semántica, porque la propuesta deriva de que los mensajes también se construyen, y asimismo como en la arquitectura implica:

  • un proceso de evaluación del terreno (social), es decir analizar a nuestros públicos, quienes serán los receptores de los mensajes para que se pueda prever y medir las acciones y reacciones.
  • el planteamiento de objetivos a corto y largo plazo que responden a necesidades presentes y futuras, tomando en cuenta también las posibles contingencias y sus soluciones;
  • la construcción de cimientos (conceptos clave) para el entendimiento común y el diseño de mensajes que expongan con claridad lo que se quiere dar a entender;
  • y finalmente la licencia social: la suma de voluntades, tiempo y esfuerzo.

Otro aspecto que siempre se debe tener presente es que LA COMUNICACIÓN NO ES UN PROCESO UNILATERAL, sino un intercambio de roles entre el emisor y el receptor… o lo que es lo mismo, es un “ciclo sin fin” en el que nuestras acciones e inacciones influyen en los demás.

La clave de todo proceso de comunicación, como en la construcción, entonces son los cimientos, considerando entonces que nuestras comunicaciones pueden ser verbales y no verbales, siendo estas últimas las que más impactan a la hora de comunicar.

No soy la primera en modificar o adaptar la famosa frase de Descartes, pero creo firmemente que incluso antes de existir, comunicamos (además de que va de la mano) y definitivamente necesitamos pensar para existir, es una ley de supervivencia básica, pero si más de uno la adoptáramos como “mantra”, el impacto no sólo sería a nivel personal, sino que realmente cambiaría la sociedad en la que nos desarrollamos, he aquí el exhorto: PENSAR, LUEGO COMUNICAR. Recuerda que nuestra máxima implica que “TODO COMUNICA” y en ese sentido conviene reflexionar y ser consientes de nuestras comunicaciones.

Me gustaría que quedara clara la premisa, cuando hablamos de capitalizar esfuerzos nos referimos a que se generen ganancias. Dejando la perspectiva económica un poco de lado, las ganancias van mucho más allá y tienen que ver con la obtención de resultados positivos siempre con base en planes estratégicos y acciones efectivas.

La comunicación se capitaliza en un mejor rendimiento, un mejor clima, mayor entendimiento social, menos rotación (no sólo en las empresas, también en la vida cotidiana), menos problemáticas (mejor adaptabilidad al cambio y generación de propuestas/soluciones). En general, mejores resultados y una mejor calidad de vida. Siempre lo he dicho, la evolución social tendría que ver con mejores competencias comunicativas, lo que abonaría directamente a la creación de una mejor sociedad.

En nuestra siguiente entrada ahondaremos en el qué y el cómo, adelantando que “en el contexto se encuentra el cómo y en la intención, el qué”.

Yatziry Fabiola López Tavira
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Yatziry Fabiola López Tavira

Licenciada en Comunicación por la UAEMéx. Acentuación en Comunicación Organizacional cursada durante el Programa de Movilidad Académica en la BUAA. Alumna Destacada del Diplomado Internacional Virtual en Dirección de Comunicación Organizacional avalado por la Red Mundial De Comunicación Organizacional. Diplomado en Comunicación Estratégica y Corporativa avalado por la Universidad Cuauhtémoc y la Red Mundial de Comunicación Organizacional.

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